English | Español

La Transformación

por James y Barb Nelson Gingerich

Aunque nuestros centros de salud están ubicados en una comunidad de bajos ingresos, y almacenamos una gran cantidad de medicamentos, nunca hemos tenido mucho problema con allanamientos. Pero una noche hace unos años, cuando estábamos en medio de una ampliación del edificio, alguien se metió por la fuerza en el edificio

Al presentarnos la mañana siguiente, encontramos tierra y esquirlas de vidrio en la alfombra frente a la puerta trasera. Varias noches después, quebraron otra ventana y se robaron unos cuantos dólares robados de la caja en la recepción.

Le avisamos a la policía, pero continuaron los robos. El intruso parecía estar interesado en nuestros otoscopios (herramientas para los exámenes del oído). El intruso rebuscó nuestra colección de libros sobre embarazos y partos y traveseó con nuestros microscopios. Hizo poco daño y no se robó casi nada, pero dejó rastros de si mismo para que los encontráramos. Estábamos preocupad@s y nos preguntábamos por qué, de todos los sitios donde podía meterse a robar, este intruso escogió meterse en un centro de salud comunitario.

Luego, los episodios de robo se detuvieron por varios meses.

Pero justo cuando nuestro proyecto de construcción estaba terminando, llegamos una mañana y encontramos una puerta de metal, nueva y cara, destruida porque alguien la había abierto a la fuerza con una palanca.

Decidimos que había llegado el momento de ponerle fin a los robos. No estábamos dispuestos a poner barricadas alrededor del edificio, pero sí improvisamos un sistema de seguridad. Mantuvimos una línea telefónica abierta dentro del edificio justo detrás de la puerta trasera, para que el director del centro de salud pudiera escuchar lo que estaba pasando a través del teléfono en la recámara de su casa durante la noche.

Un par de noches después, al director lo despertó el chirrido de metal contra el metal, ya que nuestro visitante nocturno volvió a usar una barra de hierro para abrir la puerta de metal.

Llamamos a la policía y detuvieron a un estudiante de diecisiete años de edad de la escuela secundaria, un paciente nuestro. Había tenido una perdida auditiva de importancia y estaba experimentando dificultades a nivel social y académico. Sus padres se habían dado cuenta que el andaba merodeando en el vecindario de noche y habían puesto un sistema de alarmas en su hogar para que los alertara cuando el trataba de salir de su cuarto. Luego de varios meses sin tener problemas, habían apagado la alarma. Fue entonces que los robos volvieron a empezar.

Dan, un miembro de la junta que a menudo servía de voluntario en el centro, tenía un hijo que había tenido problemas con la ley cuando era adolescente. Nos pidió que no entregaramos a este adolescente al sistema legal. Con nuestra bendición, Dan trabajó con el fiscal, y, finalmente, el tribunal condenó a Tony a dos horas semanales de servicio comunitario en el centro de salud. Llegaba malhumorado y con poco entusiasmo hacia las tareas que le asignábamos: la limpiezas de cunetas y la recolección de basura, la limpieza de maleza, y el mantenimiento de los jardínes.

El aislamiento social ha sido identificado como un factor de riesgo importante asociado con la mala salud y la muerte prematura. Como miembros del personal del centro, habíamos estado intentando resolver el aislamiento de algunos miembros de nuestra comunidad, identificando actividades que disfrutaban e invitándoles (a nuestros pacientes) a que disfrutaran de esas actividades junto con otr@s que compartían los mismos gustos. Habíamos identificado a varias familias a las que les gustaba cocinar, y les habíamos pedido que se reunieran en la cocina / sala comunitaria del centro de salud los miércoles por la tarde para turnarse cocinando para l@s demás. Algunas personas en el grupo hablaban inglés y algunos hablaban español. Estaban también empezando a aprender el idioma los unos de los otros.

Una semana Tony apareció para hacer su servicio comunitario un miércoles por la tarde. Un miembro del grupo se fijó en él y lo invitó a unirse a ellos para la comida. Desapareció, pero reapareció a los pocos minutos con un poco de pan de plátano que había traído de su casa. A partir de entonces, Tony hacía su servicio comunitario los miércoles por la tarde, y se quedaba a la cena comunitaria. Su carácter cambió de sombrío a feliz, y empezó a hacer su trabajo de voluntario con entusiasmo.

En poco tiempo, Tony había completado su servicio comunitario obligatorio, pero seguía viniendo cada semana para servir de voluntario y para comer con el grupo. Nos reímos cuando nos dijo un día que había empezado a patrullar la zona por la noche con su perro, para que nadie pudiera meterse a robar.

Una semana anunció que había alcanzado el cuadro de honor en el estudio por primera vez, así que hicimos una fiesta para celebrar con él. Tony terminó la escuela secundaria a tiempo y se fue a estudiar en una pequeña universidad comunitaria local. Ahora tiene un trabajo en nuestra comunidad.

Como personal, empezamos sintiendo resentimiento por la intrusión en nuestro espacio y los regueros que teniamos que limpiar. Ahora nos regocijamos en el éxito de Tony y nos sentimos orgullosos de él. Es más, hicimos una inversión en su futuro.

Aunque el personal del centro de salud había estado atendiendo a Tony desde hace años, finalmente su allanamiento nos convenció de que no habíamos tenido éxito en hacerle frente a su necesidad de sanar. Tenía una misión, y seguía entrometiéndose en nuestro espacio para comunicárnoslo.

Percibimos la forma de llamar la atención de Tony como un delito, sin embargo la compasión de Dan y la respuesta de Tony nos dió la oportunidad de ver a Tony como una persona en búsqueda de un lazo y de una comunidad, que resultaron ser ingredientes importantes para atravesar una etapa dificil de su adolescencia.

Nuestras contribuciones a su proceso de sanidad no fueron el resultado de nuestro programa tanto como el fruto de las intenciones de las personas - en su mayoría voluntarios y pacientes - que se reunían, en el centro, a partir del deseo de incluir a tod@s. Al final, el personal en su mayoría prestó el espacio y observó como l@s pacientes y l@s voluntari@s cuidaron de Tony y le dieron un sentir de pertenencia y propósito.

Maple City Health Care Center | Goshen, IN | connect(poner la 'a' firmar aquí)mchcc.org | Contáctenos

Sitio web por Dirt Circle