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Lo que no aprendimos en la universidad de Yale

por James Nelson Gingerich

Con el paso del tiempo, más y más mujeres latinas embarazadas estaban queriendo atención en el centro de salud. Cada vez estábamos más conscientes de que muchas de ellas se sentían aisladas.

Provenían de una cultura en la que el embarazo y el parto es una experiencia que se vive en medio de las madres, las tías, las hermanas y las abuelas. Ahora, estas jóvenes se encontraban en un país extranjero a la merced de un sistema médico extraño, muchas veces con el apoyo único de su compañero.

Empezamos a observar que el aislamiento social estaba contribuyendo a la ansiedad durante el embarazo y a la depresión posparto. La pobreza y otras tensiones sociales exacerbaban los desafíos que enfrentaban estas jóvenes familias.

En respuesta a ésto empezamos a probar un enfoque a la atención prenatal que se da en el contexto de un grupo.

La escuela de parteras de la Universidad de Yale había sido pionera en el diseño del modelo conocido como Pregnancy Circle Groups (Grupos de atención prenatal), que integran la atención médica, la educación y el apoyo. Las mujeres con fechas de parto parecidas se reúnen de ocho a diez veces durante el transcurso de su embarazo. Cada mujer contribuye el obsequio de su embarazo y su experiencia de vida al grupo, y aprenden, como resultado, tanto entre sí como del personal y de los profesionales de salud que están presentes.

Al empezar a explorar la posibilidad de cambio hacia este modelo de atención prenatal, nos dimos cuenta de que implicaba un cambio de paradigma.

Nosotros, los profesionales de salud, tendríamos que alejarnos de ver nuestra función como profesional que ofrece sus conocimientos e información técnica. Tendríamos que convertirnos en facilitadores de un proceso de grupo, encargados de sacar a la luz los dones de las mujeres que no estaban seguras de tener algo para contribuir.

Para interiorizar esa transición comprendimos que nos beneficiaría contar con una partera con experiencia en la modalidad de Centering Pregnancy (Grupos de cuidado prenatal) como parte del personal.

Al adquirir información y capacitación en los grupos de atención del embarazo, descubrimos que Beth, una amiga del centro de salud por muchos años, era entrenadora para ese método. Quince años atrás había ofrecido clases de educación prenatal en el centro de atención de la salud. Luego fue a Yale para estudiar partería.

La reclutamos para nuestro equipo, como partera con amplia experiencia en el método de Centering Pregnancy.

Beth había ofrecido formar un grupo para mujeres en inglés y otro en español. Pero estábamos operando a pequeña escala y no teníamos suficientes mujeres que esperaban bebés a la misma vez como para ofrecer dos grupos: uno en español y otro en inglés.

Analizamos la posibilidad de un grupo bilingüe pero Beth y otros con experiencia con ese modelo se mostraron escépticos; argumentaban que las dinámicas interculturales y las barreras del idioma podrían interferir con la dinámica de grupo. Nos sentimos estancados.

Según el Evangelio de Mateo, en una ocasión, una madre cananea se acercó a Jesús por una necesidad. "Pero él no le respondió nada. Y sus discípulos se acercaron y le instaron, diciendo: "Despídela, porque viene gritando detrás de nosotros."Él respondió: "Fui enviado solo a las ovejas perdidas de la casa de Israel." Pero ella vino y se postró ante él, diciendo: "Señor, ayúdame. "Él respondió: "No está bien tomar el pan de l@s hij@s y echárselo a los perros."Ella dijo: "Sí, Señor; pero aún los perros comen de las migajas que caen de la mesa de su amo. Entonces Jesús le respondió: "Mujer, grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas.” Y su hija fue sanada instantáneamente (Mateo 15:22-28)” .

A pesar de las dudas, decidimos intentar formar un grupo bilingüe e intercultural.

En nuestra primera reunión, empezamos por reconocer que las subculturas a las que estas mujeres anglosajonas y latinas pertenecían probablemente no tenían mucho contacto entre sí. Sin embargo, este grupo de mujeres se estaba formando con el fin de prepararse para recibir a sus bebés - niños que jugarían juntos, irían a la escuela juntos, y tal vez, acabarían formando nuevas familias juntos. Parte de nuestra tarea sería comenzar a formar una comunidad común para darles la bienvenida. Nuestra intérprete tradujo las palabras de todos. Todo el español fue cuidadosamente traducido al inglés, y todo el inglés fue traducido al español.

En el salón de la cabaña donde nos reunimos, la sensación de una cultura dominante disminuyó, y no sentíamos que algunas personas formaban parte de ella, y otras no. Tod@s necesitábamos los servicios del intérprete. Y descubrimos que la traducción atrasaba nuestra conversación, mejorando así nuestra capacidad de escuchar; y nos llevó a meditar más cuidadosamente nuestras respuestas. Las interacciones interculturales que se dieron fueron ricas y reveladoras.

Durante años yo había tratado de promover la lactancia materna como la mejor manera de alimentar al recién nacido, y de crear un buen lazo afectivo entre la madre y el bebé. Repetidas veces había observado que las madres latinas querían iniciar la alimentación con biberón junto con la lactancia materna, incluso durante su estadía posparto en el hospital. A diferencia de sus semejantes anglosajonas, a menudo tenían más éxito en continuar la lactancia materna. Yo no entendía por qué eso era así, y seguía desanimando la introducción del biberón, por lo menos hasta que la lactancia estuviera bien establecida.

Una tarde, durante la conversación del grupo sobre la lactancia materna, Beth preguntó a las mujeres embarazadas cuáles razones les harían considerarían la introducción de la alimentación con biberón.

Una mujer mexicana respondió: "Así tienes algo que dar al bebé cuando tu leche está mala."

Desconcertada, Beth preguntó: "¿Por qué estaría mala su leche?"

La respuesta fue: "Si una madre está enojada o intranquila, su leche está mala, y ella debe desecharla, hasta que esté calmada de nuevo".

Todas las latinas en el círculo asintieron con la cabeza al escuchar la explicación. Todas las anglos se quedaron perplejas. Podíamos entender la relación entre una madre intranquila y un bebé intranquilo, pero tendíamos a descartar, como mera creencia popular, esa definición de la leche como una sustancia (una especie de estado de ánimo) que podía transmitir un malestar a un bebé.

A medida que la conversación continuó, empezamos a darnos cuenta de que los profesionales médicos de salud consideraban la leche materna como un producto nutritivo que ofrece calorías, nutrientes e inmunidad a las enfermedades. Las latinas valoraban la lactancia materna como una expresión de la relación entre la madre y el bebé, como un elemento de la dinámica de la relación. Si una madre sigue amamantando a su bebé cuando está intranquila, pone en riesgo al niño, ya que lo expone a la posibilidad de transmitirle esa intranquilidad. Para alimentar bien a su hijo es necesario que ella espere hasta que esté nuevamente calmada.

Aún no recomiendo que las mujeres que estén intranquilas dejen de amamantar a sus bebés, pero salí de esa conversación con un nuevo respeto por la relación que la lactancia materna expresa y favorece, con un nuevo sentir sobre la forma en que la leche materna, una sustancia tan común, puede ser infundida de cualidades extraordinarias dentro del contexto de un ambiente tranquilo y una interacción enriquecedora.

La mujer cananea se encontró con Jesús en una situación de gran importancia. El bienestar de su hija estaba en juego. Para Jesús, también, era una situación de alto riesgo. Titubeante, permitió que la insistencia, vulnerabilidad y fe de la mujer transformaran su negativa, en afán de ofrecer el alimento de su gente a alguien que se encontraba fuera de su círculo de parentesco y el origen étnico. A través de su conversación con ella, adentrándose en la experiencia de ella, se transformó su visión personal de su ministerio.

En los grupos de cuidado prenatal, partiendo de nuestra primera conversación intercultural, el escuchar las perspectivas e historias de las demás una y otra vez nos ha enriquecido y nos ha conmovido.

La diversidad cultural parecía ser una barrera para la atención prenatal, una tensión sobre nuestros recursos logísticos. Esa misma diversidad, más bien se ha convertido en un medio para el aprendizaje a un nivel más profundo y para la construcción de una comunidad más integrada.

En lugar de crear un contexto para el aprendizaje sobre el embarazo y el parto, estamos creando un espacio en el que el personal y las mujeres, anglos y latinas, pueden encontrarse en maneras que transforman las perspectivas, y aún, las vidas.

Nuestra titubeante aceptación de un cambio en el modelo, gracias a la fe de las personas que han participado tan generosamente en la conversación, nos ha convertido a todos en personas más completas.

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