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Ser Transformado – Camino hacia la salud

Octubre 21, 2008

Dr. James Nelson Gingerich

Seminarios bíblicos menonitas asociados

Estoy profundamente agradecido por la invitación a pasar estos días con ustedes en AMBS. He estado esperando con entusiasmo esta oportunidad de un receso en la entrega a mi trabajo en Maple City Health Care Center, con el fin de ser parte de esta comunidad de conversación teológica, bíblica y pastoral.

Me emociona contarles algo de mis experiencias a lo largo de estas últimas dos décadas, y de valorar, junto con ustedes, si esa experiencia podría, y de qué manera, tener relevancia para ustedes en sus ámbitos de estudio y de trabajo y en la vida de la iglesia. Y espero con interés escucharlos y aprender de sus estudios y de su experiencia.

Al prepararme para este evento aquí en AMBS, he tomado cada vez mayor conciencia de las maneras en las que mis convicciones religiosas, y sobre todo mis experiencias de la iglesia, han sido formativas, no sólo a nivel personal, sino para el centro de salud como organización. Entiendo que hay gente que escribe sobre la imaginación teopoíltica estos días, y también hay gente hablando acerca de cómo la iglesia puede dar vida a una creatividad política. Durante esta sesión de capilla quiero ofrecer algunos asomos a mi experiencia en cuanto al potencial de la iglesia para dar la vida o forma a una organización comunitaria. Supongo que podríamos titular mi tema "imaginación eclesio-organizacional" o (aún más torpemente… ) "formación organizacional eclesiológicamente inspirada."

Entiendo que a los invitados a este centro teológico se les ha instado a hacer algo de carácter autobiográfico durante esta primera sesión de capilla. Obviamente, en estos pocos minutos no puedo empezar a contarles la historia completa de mis 50 años, ni aún la de los 20 años del centro de salud, así que me resignaré a relatar unas cuantas historias que pueden empezar a sugerir algunas de las conexiones entre la forma que ha tomado el centro de atención de la salud y los modelos de la iglesia que he conocido.

Cuando tenía entre 12 y 14 años, mientras mi papá era estudiante de postgrado, mi familia vivía en Nashville, Tennessee. En aquellos tiempos, a inicios de los ´70, había más de 700 iglesias en esa ciudad de medio millón de habitantes; ese porcentaje de iglesias por población estaba entre los más altos de la nación. En esa época esta ciudad de iglesias estaba inmersa en las tensiones que rodeaban la orden judicial que obligaba al sistema de transporte escolar a forzar la integración de sus escuelas públicas. Y en esa ciudad segregada, como en tantas partes de los EE.UU., lso domingos en la mañana eran el tiempo más segregado de la semana. Al ser recién llegados en Nashville, visitamos varias iglesias, incluyendo una congregación en la que los únicos afro-americanos presentes eran los sirvientes que servían el café durante el tiempo de convivencia.

Nuestra familia finalmente se estableció en la Iglesia metodista unida de Edgehill, que se reunía en un garaje ampliado en un barrio limítrofe, conformada primordialmente por gentes de bajos ingresos. Era la única congregación integrada en la ciudad, y sus pastores eran un hombre afro-americano y uno blanco. Los docentes de la facultad de la Universidad de Vanderbilt se congregaban allí, al igual que los vecinos de bajos ingresos, blanc@s y negr@s. La alabanza surgía de varias corrientes: cantábamos himnos espirituales, góspel negro, música folclórica y religiosa popular, y un himno ocasional. La actividad del domingo por la mañana podía incluir "En Cristo no hay este ni oeste", "Me desperté esta mañana con mi mente fijada en la libertad", y "Hay una iglesia dentro de nosotros, oh Señor" (incluyendo su segundo verso pegajoso, aunque poco elegante: "Hay potencial dentro de nosotros..."). Los sábados, participaba en Borch (o sea: B-O-R-C-H, por sus siglas en inglés), una combinación entre banda y orquesta que practicaba para acompañar las canciones que formarían parte de la alabanza del día siguiente. Las personas con educación formal musical eran bienvenidas, al igual que aquellas cuya formación era informal y oral. Había músic@s de cuerda, pianistas, guitarristas, percusionistas, cornistas, incluso artistas de kazoo (mirlitón). Tod@s eran bienvenid@s, y la contribución de tod@s era valorada. Esta creación musical era de un orden diferente del que yo había experimentado al ser parte de la sección de violines de la Orquesta sinfónica juvenil de Nashville, y no me lo hubiera perdido por nada.

En una ciudad dividida, la experiencia de la alabanza intercultural y la apasionada participación comunitaria de Edgehill me dieron una muestra de las ricas posibilidades y placeres de la diversidad cultural. Estoy seguro que formó parte de mi anhelo por vivir y trabajar y conocer a los vecinos de los barrios bajos de Goshen: por primera vez al ser estudiante universitario y luego, después de haberme graduado de la escuela de medicina y concluir la residencia. En lugar de conformarse con la segregación imperante, Edgehill estaba siendo transformada en una comunidad inclusiva.

Una de las personas que he llegado a conocer en el trascurso de mi trabajo es Miguel. Él trabaja en una fábrica. Dice que es como una selva (donde sobrevive más fuerte). Un día, cuando me vino a ver en la oficina, empezó a contarme sobre sus experiencias como estudiante de ciencias de la computación en la Ciudad de México. Habló apasionadamente sobre su participación en el activismo estudiantil, en las huelgas y movimientos por el cambio social. Me contó que vio a agentes de policía golpear e incluso matar a sus compañeros activistas. Fue fascinante ver la otra cara de este hombre genial de voz tenue.

La próxima vez que la junta del centro de salud y el personal buscaban nuevos miembros para la junta, Miguel se me vino a la mente. Pensé que él podía aportar perspectivas valiosas a nuestro círculo. Cuando le preguntamos si estaría interesado en formar parte de la junta, no dejó pasar la oportunidad. Nuestra Junta no es la típica para una organización sin fines de lucro y nuestras reuniones siguen un patrón inusual, pero ese un cuento para otro momento. Meses después de que Miguel se había unido a nuestro círculo, la persona que dirigía la reunión inició pidiendo a cada miembro que describiera la forma en que se había asociado con el centro de atención de la salud. Cuando llegó su turno, Miguel le dijo algo así: "He sido paciente del centro de salud por un tiempo ahora. Entonces, un día, cuando yo estaba en la oficina para una cita, James me empezó a preguntar acerca de mi historia, y le conté sobre mis días de lucha por la justicia al ser estudiante en la ciudad de México. Luego él me preguntó: '¿Y ahora qué estás haciendo por tu comunidad?' “ (Yo no recuerdo esa parte de la conversación.) Miguel continuó: "Cuando estaba en México, sabía que tenía que trabajar a favor del cambio. Pero no se me había ocurrido que tenía algo que ofrecer en Goshen. De pronto me percaté que tenía que involucrarme aquí. Así que ahora estoy en esta junta, y yo soy parte de la Comisión de relaciones comunitarias de la ciudad de Goshen, y estoy trabajando con media docena de otros grupos que se esfuerzan por mejorar la vida de los inmigrantes en esta comunidad."

Tanto Edgehill como MCHCC están ubicadas intencionalmente en comunidades fronterizas o “puentes”. Ambos han tratado de abordar las divisiones en sus comunidades convirtiéndose en lugares de diversidad enriquecedora. Ambos persiguen valorar, bendecir y liberar los dones de las personas que participan en ellas.

A los 19 o 20 años, siendo aún estudiante universitario, fui miembro de la iglesia menonita “Assembly” en Goshen. En el breve tiempo que la congregación llevaba de existir, siempre nos habíamos reunido en espacios prestados o alquilados - en salas de dormitorios estudiantiles de la universidad, en un estudio de baile en el centro del pueblo. La congregación empezaba a sentir que era el momento para trasladarse a un espacio más adecuado. Algunos habían estado buscando un edificio para comprar. Después de meses de búsqueda, encontraron un edificio que parecía reunir los requisitos. Era un edificio de bloques de cemento que había albergado una fábrica de uniformes para porristas. Estaba ubicado en la frontera entre una zona industrial y un barrio de clase obrera, y no demasiado lejos de la universidad - una conexión que seguía siendo importante para la congregación.

A medida que la congregación se acercaba a una decisión sobre la compra y renovación del edificio, partiendo de mi idealismo juvenil, expresé mi preocupación sobre nuestra mayordomía, y especialmente me preguntaba si la compra de un local que sólo sería utilizado para el culto de los domingos por la mañana, sería un uso racional de nuestros recursos. Quería respuestas a mis preguntas acerca de cómo encajaba la compra de este edificio con la misión de nuestra congregación en la comunidad.

El mercado de bienes raíces parecía estar activo, y el edificio tenía un precio bajo. Varias personas estaban preocupadas por la limitación de tiempo que había para tomar una decisión. Esta era la mejor opción que habían encontrado en varios meses, y pronto, el edificio podría ser retirado del mercado. ¿Sería buena idea que algunas personas compraran la propiedad para retenerla para la iglesia? Yo contribuía de mis escasos ingresos al presupuesto de la congregación pero la mayor parte del dinero para comprar el edificio vendría de otros. Era un estudiante universitario que probablemente pronto saldría de la comunidad, y no iba a vivir a largo plazo con las consecuencias de esta decisión, ni en términos del espacio para congregarse, ni del financiamiento de la construcción. Mucha gente estaba manifestando su apoyo para proseguir, y realizamos un sondeo. Resulté ser el único opuesto, la única persona que no estaba dispuesta a realizar la compra. Y manteníamos el compromiso de una toma de decisiones por consenso, por lo que mi negativa de apoyo importaba.

Sin embargo, la congregación, partiendo de su gracia y generosidad, no descartó ni mis preocupaciones, ni a mí. Se tomó en serio mi clamor por la misión y la visión de la congregación, e invirtieron tiempo considerando más cuidadosamente de qué manera podía ser aprovechado el edificio durante toda la semana. Con el tiempo llegó una propuesta de proporcionar un espacio de urgente necesidad para una guardería, cuya demanda de servicios excedía la capacidad de su espacio actual. Me sentí muy bien en cuanto a la posibilidad de tan buen aprovechamiento del edificio, y la congregación prosiguió a la compra y a la ampliación del servicio de la guardería Walnut Hill en ese barrio, un ministerio que ha afectado las vidas de much@s niñ@s de Goshen y sus familias, durante más de treinta años.

Parece que la gente de la iglesia Assembly todavía cuenta esta historia. Su versión probablemente es un poco diferente de la mía pero, claramente, la experiencia fue formativa tanto para mí como para la congregación.

Durante los últimos quince años, el centro de atención de la salud ha trabajado para acumular un pequeño fondo de dotación que con el paso del tiempo podría llegar a tener suficiente magnitud para respaldar algunos de nuestros programas con regularidad, pero que también se ha invertido, con la esperanza de un poco de crecimiento, en la Fundación Menonita. También sirve como una reserva financiera en épocas de crisis económica cuando much@ de nuestr@s pacientes pierden su seguro de salud, o aún sus empleos, y nuestras finanzas se ven ajustadas. Nos ha ayudado en tiempos difíciles y ha sido un recurso importante en el que podemos apoyarnos para seguir adelante.

Hace varios años el personal administrativo se enteró que nuestros fondos de "responsabilidad social" se estaban invirtiendo en acciones de Walmart. Nos preocupó esta información y nos preguntamos si deberíamos retirar nuestras inversiones. Le presentamos el asunto a la Junta. Al principio, como era de esperar, la conversación giró en torno a las preocupaciones por la seguridad de la organización y la importancia de salvaguardar estas inversiones. Pero en ese momento, uno de nuestros miembros más recientes, una latina, nos preguntó: "¿Cuáles son los valores con los que evaluamos los programas? Si esos son los valores con los que queremos evaluar la forma en que usamos las ganancias de estos fondos, ¿por qué no hacemos esas mismas preguntas cuando decidimos cómo invertir el capital? ¿El capital está fomentando nuestra misión en el mundo o es que esa pregunta sólo se aplica a las rentas de la inversión?" Su pregunta, que apeló al meollo de nuestra identidad, liberó a la Junta para considerar inversiones más riesgosas. Empezamos a imaginar opciones que nadie había considerado antes de llegar a la reunión. Como resultado de eso, ahora hemos reinvertido parte de estos fondos en un refinanciamiento a gran escala para una cooperativa local de alimentos, y en la provisión de capital para algunos proyectos internacionales de MEDA (Asociados menonitas para el desarrollo económico de proyectos internacionales).

Mi experiencia temprana con la congregación de la iglesia Assembly me sirvió de preparación para escuchar las preguntas de San Juana sobre la mayordomía y la misión, para tomar en serio las apelaciones –sin importar de dónde venían- sobre el eje central de la visión y de la identidad. No creo que sea coincidencia que el debate de la junta del centro de salud fuera un reflejo exacto del que se dio en la iglesia Assembly: en ambos casos, el grupo reunido encontró la manera de involucrarse, con imaginación y valentía, en un proceso que produjo resultados imprevistos una vez iniciado nuestro proceso de discernimiento.

Mis amigos eruditos en griego me dicen que todos los pronombres en los versículos de Romanos que Juan leyó para nosotr@s, son plurales: Pablo se dirige a "tod@s ustedes": el cuerpo individual con sus múltiples miembros (la imagen que Pablo invocará un par de versículos más adelante). Su llamado es para nosotr@s como colectividad: “Y no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto.”

Estos han sido relatos breves e imprecisos, pero a mi modo de ver se relacionan con aspectos básicos de la vida de la iglesia que han animado la estructura y avivado el funcionamiento de una modesta organización dedicada a mejorar la salud de sus vecinos y su comunidad de Goshen norteño. Espero que hayan vislumbrado que es posible que la anatomía y la fisiología (la forma y función) de nuestras iglesias sean formativas para otros organismos fuera de la iglesia - al resistirnos a vivir conformes con las divisiones de la sociedad y permitirnos ser transformad@s en cuerpos saludables, renovad@s por el espíritu de gracia del Espíritu, buscando discernir lo que es bueno a los ojos de Dios.

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