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Me siento mareada

Jennifer McCourt

Soy paciente en Maple City Health Care Center, además de voluntaria y antigua empleada. Escribo esta carta para compartir con ustedes lo mucho que MCHCC ha impactado mi vida y las de muchos más en esta comunidad.

¡Maple City Health Care Center es tanto más que un proveedor de cuidados de salud para mí! Aunque el personal ha cambiado a lo largo de las dos décadas desde que vine aquí por primera vez, los rostros siguen siendo de personas muy cariñosas a quienes, se nota, les importa la visión de MCHCC, la visión que el Dr. Gingerich tan claramente comparte. A veces lo percibo más como un centro comunitario que como un centro de salud, por la diversidad de recursos disponibles.

Cuando me convertí por primera vez en paciente de MCHCC, en 1989 o 1990, vivía a sólo dos cuadras del centro, calle arriba. Dos veces el Dr. Gingerich vino a mi casa; una vez fue cuando mi hija de dos años se cayó en los escalones y se golpeó la boca. Llamé a la oficina para preguntar si debía traerla, pero expliqué que me sentía mareada. Alguien en el teléfono me pidió poner la cabeza entre las rodillas y esperar. ¡En un instante me percaté que James estaba en mi puerta! Echó un vistazo a la boca de Ashlee y me aseguró que todo iba a estar bien, no había mucho que se pudiera hacer para una lesión en el borde de la encía como la que tenía. Y en vista que el sangrado había disminuido, ya me sentía bien.

En la otra ocasión, el Dr. Gingerich y su maravillosa esposa, Barb, andaban caminando por el barrio y se detuvieron en mi casa. Al principio me sentí horrorizada. Había juguetes por todas partes, y me sentí avergonzada, pero Barb me dijo: "¿Sabe cómo percibo su casa? Como un hogar saludable, bien habitado". Me tranquilizaron al hablar de su hijo, Daniel, de la misma edad que Ashlee, mostrándome que teníamos algo en común: ¡éramos padres y madres! Me sentí muy feliz de que vinieran a mi casa e hicieran contacto conmigo.

Una vez, mientras esperaba en la sala de espera de MCHCC, me encontré un boletín informativo, y para matar el tiempo, empecé a leerlo. Me di cuenta de que "la oficina de mi médico" estaba pidiendo artículos que necesitaban. Uno de los artículos era un escritorio para computadora o algo así, pero lo que me sorprendió fue que me sentí parte de MCHCC, que el centro tenía necesidades que tal vez yo podía cubrir. ¡Sentí que yo podría tener algo que ofrecer a este maravilloso establecimiento! Ese día salí de allí sintiéndome empoderada, valorándome más que cuando llegué.

Durante un examen médico con el doctor Gingerich, él me preguntó cómo me iba. Siempre me hace gracia cuando un médico me pregunta eso; me parece obvio que si estoy aquí es porque no estoy muy bien. De todos modos, estoy segura que contesté: "Pues, bien, excepto por..." Pero James me miró, e hizo una pausa y dijo: "No, la verdad… ¿cómo está"?

Pues, yo era joven y ya era madre de dos niños, y estaba lidiando con la depresión, aunque hacía un gran esfuerzo para ocultarlo, a pesar de que ni yo misma lo entendía muy bien. A partir de esa visita James me animó a visitar al consejero del Centro.

Fue una experiencia que cambió mi vida, el lidiar con diversos asuntos, acompañada por un profesional. No sé qué dirección hubiera tomado mi vida sin esa oportunidad. Tal vez hubiera empezado a "automedicarme" con drogas y alcohol o sólo Dios sabe con qué. Y una de las cosas que obtuve de la consejería fue el saber que yo tenía valor como persona, como mujer, como esposa, como madre; sin importar mi categoría, tenía valor, algo que ofrecer. Eso, para mí, vale mucho.

El trabajo voluntario que estoy haciendo es con un programa llamado More than Money (Más que el dinero) para la atención de salud. Me parece que el nombre lo explica todo.

L@s pacientes que han sido incapaces de hacer un pago en su cuenta, aún con el mayor descuento de nuestra escala basada en ingresos, ahora tienen la opción de hacerse responsables de su cuenta, con More than Money. Pueden ser voluntari@s para las organizaciones que necesitan ayuda. Tendrán la oportunidad de "contribuir" a una organización, y a la vez, saldar su cuenta. Pueden sentir un propósito, encontrar otros ambientes donde calzan, van a encontrar una nueva red de conexiones en la comunidad, y pueden ver que hay otr@s con mayor necesidad que la que ellos mismos están experimentando. Pueden valorarse más a sí mism@s al tener la oportunidad de dar, de ser útiles, y de tomar responsabilidad por su atención de salud. Pueden sentirse empoderad@s.

Todos estos son sentimientos que yo he experimentado. Recientemente, había estado luchando contra la depresión durante los últimos meses, como he estado sin empleo y sin poder encontrar trabajo. Empecé a perder la confianza en quién soy, lo que soy capaz de hacer, sin propósito, etc. ¡Me preocupaba poder perder mis habilidades y destrezas, en vista de que no las había usado por mucho tiempo! Y luego Amy Crossen, la enfermera médica, me habló sobre la idea que estaban promoviendo para pacientes en mi situación. Pregunté si podía ayudar con el programa, y cerca de una semana después, pude empezar. Y al principio, sólo por un momento, me sentí un poco herrumbrada, un poco insegura de mí misma, pero sólo duró un momento. ¡Volví a ser como antes, he podido hacer lo que hago bien, y participar en un programa para ayudar a otr@s a hacer lo mismo!

Maple City Health Care Center es una parte vital de la comunidad de Goshen, ofreciendo cuidados de salud asequibles y una calidad de la atención que nunca he experimentado en ningún otro lugar.

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